miércoles, 6 de marzo de 2013

INVIERNO EN EL LAZIO


El pasado 3 de enero Kevin Prince Boateng, estrella absoluta del Milan, faro del risorgimento que vive uno de los clubes más laureados de Italia, perdió la paciencia y lanzó un balonazo contra la grada del Aurora Pro Patria, pequeño club lombardo de la Lega Pro Seconda Divisione que recibía a sus millonarios vecinos para disputar el típico partido amistoso navideño. A los pocos minutos de la actuación del ghanés que a diferencia de su hermano decidió no vestir la camiseta de Alemania, el equipo de Berlusconi al completo, encabezado por su entrenador Massimiliano Allegri, abandonó el césped. Los hechos acontecieron en el Carlo Sparoni, estadio de Bursto Arsizio, pequeñoburguesa ciudad de Lombardía, provincia de Varese, otrora uno de los centros nacionales de producción textil. Los insultos racistas fueron el motivo de la estampida rossonera. M'Baye Niang, Urby Emanuelson y Sulley Muntari presentaron sus quejas ante el colegiado y el delegado local en reiteradas ocasiones. Un pequeño grupo de aficionados, ínfimo en un estadio de poco más de 4.500 localidades, increpó sin cesar a los jugadores de raza negra del equipo rival durante el escaso tiempo que duró el partido. Curioso en un club que presume de haber sido la lanzadera a la Serie A de Ikechukwu Kalu, internacional nigeriano. Habitual en una ciudad que contaba en su último censo con más de 7.000 habitantes de origen extranjero, dos mil de ellos procedentes de Albania, uno de los países que conforman el particular eje del mal del Il Popolo della Libertá, el partido de Berlusconi que gobierna la ciudad. 

 “¿Boateng? Un profesional no puede comportarse así”. Es la opinion de Gianluigi Farioli, alcalde de Busto Arsizio, pocos días después del desarrollo de unos acontecimientos que dieron la vuelta a Italia y que permitieron llenar horas y horas de esa extraña television política que se inventó Il Cavaliere, il capo dei cappi, en los 90. “No conozco a los aficionados que han insultado, pero estoy seguro de que no son hinchas de nuestro equipo”, continuaba el sindaco lombardo, que probablemente obviaba el motivo por el que el Aurora Pro Patria, entonces Pro Patria a secas (su nombre actual data de 1995), se convirtió en historia del fútbol mundial.

En 1949, Ladislao Kubala, hijo de padre húngaro y madre checoslovaca, vestía la camiseta del Vasas Budapest, además de formar parte de la generación magiar que unos años después maravillaría al mundo en Wembley imponiéndose a la entonces casi imbatible selección inglesa. El comunismo, en el poder desde hacía dos años, en principio no fue un problema para un futbolista de élite de sus características; sin embargo, la llegada del matrimonio y el nacimiento de su hijo cambiaron completamente su perspectiva. Su esposa  y el bebé vivían en Checoslovaquia; él en Hungría. El partido, el gobierno, impedían la libre circulación de ciudadanos entre países y ante la imposibilidad de reunirse con su familia de forma habitual Kubala decidió emigrar de forma clandestina. Lo hizo uniformado como soldado y  a bordo de un camión con matrícula soviética que lo trasladó hasta Innsbruck, donde entró en contacto con el Pro Patria; allí, el club lombardo le cedió un vehículo que lo trasladó primero a Zúrich y posteriormente a Italia. La FIFA aseguró que normalizaría su situación en un breve espacio de tiempo, y a los pocos meses el genial atacante firmaba su primer contrato profesional con ciertas garantías económicas. Había cruzado el telón, estaba en Italia y jugaría en la Serie A.

No tardó demasiado en regresar a la realidad. La de un refugiado politico al otro lado del Adriático. Tras su paso por Busto Arsizio, el único club que verdaderamente confió en él desde un principio, dio con sus huesos en el campo de refugiados de Cinecitta, muy cerca de Roma, donde sólo un año después se rodaría Quo Vadis. Luego llegaría la fundación del Hungaria, la de las estrellas en el exilio, las ofertas del Real Madrid y el Barcelona, donde posteriormente se convertiría en leyenda, y la del Torino. El Grande Torino. El equipo de Mazzola, de Castigliano, de Loik que comenzaba a cambiar la historia. Kubala negoció con los turineses, pero finalmente optó por no aceptar la oferta. El 4 de mayo de 1949, el considerado entonces mejor equipo del mundo falleció al completo tras un trágico accidente aéreo acaecido en las colinas de Superga, cerca de la basílica donde descansa buena parte de la dinastía Saboya.

Los ultras del Pro Patria, equipo que militaría en España en la Tercera División, son pocos, ruidosos y de amistades peligrosas. Quizá no conozcan la relación de sus colores con la historia de Kubala, pero se saben de memoria las de Paolo Di Canio, Sinisa Mihajlovic y Aaron Winter con el Lazio. Los tres jugaron en el equipo del que fue socio Benito Mussolini, aunque disfrutaron de relaciones muy diferentes con la hinchada más radical del país, los Irrudicibili, los nazis del calcio, colegas de los nazis del Pro Patria, del Real Madrid o del PSG. Di Canio celebraba goles con el saludo fascista, a Mihajlovic, bandera de Serbia durante la Guerra de los Balcanes, lo recibían con carteles con el nombre de Arkan, uno de los criminales de guerra más sanguinarios de la historia. A Aron Winter, como a Boateng, Niang, Emanuelson o Muntari en Busto Arsizio, no dejaron de insultarle durante su estancia en Roma. Con una diferencia: las faltas de respeto llegaban desde la grada de los suyos, las de sus propios aficionados.

Aron Winter, de nacionalidad holandesa, nació en Surinam, pero desarrolló toda su carrera en Europa, primero en el Ajax y más tarde en el Lazio y el Inter de Milán. De religión judía, en 1992 se convirtió en el primer jugador negro de la historia del equipo romano; había llegado además para sustituir a Paul Gascoigne, ídolo local, con lo que sin saberlo asumió una presión que inimaginable en el momento de rubricar su contrato. La curva norte del Olímpico lo recibió con pancartas con lemas como “Auschwitz es vuestra tierra, los hornos vuestras casas”, pero el clímax de su relación llegó tras una victoria ante la Roma en su primera campaña en Italia. Winter se acercó a las gradas y regaló su camiseta, que automáticamente fue devuelta al césped en clara señal de rechazo. El centrocampista aún aguantó otras tres temporadas en el Lazio antes de viajar hacia el norte, hacia Lombardía. Llegó al Inter de Milan solo un año después de la refundación del Pro Patria, disuelto tiempo atrás por problemas económicos. Allí Winter se encontró con ultras de extrema derecha que silbaban al rival. Su lugar en el centro del campo del Lazio lo ocupó tres años más tarde Juan Sebastián Verón, futbolista de izquierdas considerado como una leyenda por los nazis amigos de los nazis de Busto Arsizio.

3 comentarios:

  1. Al principio del artículo dices: "A los pocos minutos de la actuación del ghanés que decidió vestir la camiseta de Alemania". Juraría que Kevin Prince no juega con la selección de Alemania, sí su hermano, Jerome. Por lo demás muy buen artículo, Dani. Da gusto leer sobre fútbol así, de manera reposada y profundizando en las historias que los grandes medios tratan como titulares.

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  2. Correcto David. Ya corregido. Muchas gracias por el apunte. Así da gusto. Abrazo.

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  3. Gracias por compartir
    Buen artículo
    Aprenda más numerosos

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