viernes, 23 de noviembre de 2012

FUTBOLISTA POR LA PAZ


A Gai Assulin le duele el hombro. Sufre, se le ve en el gesto, en cada choque, en cada encontronazo. No ha perdido la chispa que le convirtió en el jugador más joven en debutar con la selección de Israel, ni la que le permitió viajar desde su país hasta Barcelona para posteriormente hacer escala en Manchester antes de llegar a Santander. Assulin es israelí, de Netanya, ciudad costera, alejada del foco de la franja de Gaza, desde donde Hamás, por primera vez con misiles de alcance, ha intentado atacar Tel Aviv, centro económico y militar de un país que devolvió el golpe con su infinito potencial bélico. Es el eterno conflicto árabe-israelí. Judíos y musulmanes. Israelíes y palestinos enfrentados prácticamente desde 1948, desde la fundación del estado de Israel.

A Gai Assulin le duele el hombro, pero también su tierra, de uno y otro lado, según sus palabras. Se intuye en el tono con el que responde a las preguntas de los periodistas sobre lo que ocurre, sobre si puede abstraerse o no del drama, de la propaganda, de las noticias contradictorias. Assulin entrena a las órdenes de Fabri mientras Tel Aviv revuelve recuerdos de los años duros, de los años noventa, con un atentado a un autobús en pleno centro de la ciudad, en medio de unas negociaciones en las que ha apareció una nueva actriz, Hillary Clinton. No hubo muertos, ya había habido demasiados antes. Por ambos bandos. Y Assulin, alejado del Mediterráneo oriental, lo ve con perspectiva, con tranquilidad, con sentido común. También con dolor. «Claro que me afecta». Lo dice quizá por haber nacido en 1991, por haber vivido la paz con Jordania, el nombramiento de Jersusalén como capital de su país o los Acuerdos de Oslo de 1993 que terminaron con la Primera Intifada. Assulin abandonó Israel en dirección a La Masía en 2003, tres años después del comienzo de la Segunda Intifada, y desde entonces ha visto la evolución de los acontecimientos desde este lado de Europa, aunque viajando de forma puntual con su selección, absoluta y sub 21. Con esta última pretende además dar una alegría a los suyos en el Europeo que organizará Israel en 2013. Otra vez el hombro. Otra vez el dolor, esta vez para estar a tiempo junto a sus compañeros el próximo mes de junio, uno de los motivos que le trajeron desde la fría Manchester a la templada Cantabria. Assulin habló el miércoles en las instalaciones de La Albericia. El domingo regresará a Barcelona, La Masía, el Ministadi, el lugar donde comenzó todo, para enfrentarse a unos jóvenes que ocupan un lugar que un día fue suyo; mas la atención estaba en sus impresiones. En sus reacciones a lo que sucedía en Israel y Palestina a esa hora de la mañana tras ocho días de violencia.

«Es mi país, es mi gente, es mi familia, es todo. Me duele mucho. No es que pueda hacer algo o no, me duele porque cuando eres de un país y muere tu propia gente lo sientes. No es cuestión de entrar en política o no. Pasan cosas que son incontrolables y ante las que nada puedo hacer. Espero que haya paz y que no muera más gente inocente. Que todo se arregle lo más rápido posible para el bien de los dos». Poco después de pronunciar sus palabras la UEFA decidía suspender el partido de la Europa League que iba a enfrentar al Hapoel Kiryat y al Athletic de Bilbao por el atentado de la mañana del miércoles en Tel Aviv. Esa misma noche, en torno a las ocho de la tarde, Israel y Hamás acordaron un alto el fuego en Gaza. Gai Assulin terminó su actividad en La Albericia rogando por la paz y la tarde terminó con el cese de las hostilidades entre los dos territorios que más odio generan en el mundo.


(Publicado en El Mundo Cantabria el 22 de noviembre de 2012)

jueves, 8 de noviembre de 2012

L'ULIVO MADRIDISTA


Raulistas, madridistas disfrazados, yihadistas de la mourinhicidad, valdanistas, mendocistas, florentinistas, pipistas, khediristas, gutistas de la cuarta internacional, torilistas, delbosquistas, Juanito Navarro. El Real Madrid, paradigma del pensamiento único, creador de irrevocables axiomas futbolísticos sustentados gracias a los pilares de ese edificio que dice Jabois que tiene que "saber menos", creador e ideólogo de un señorío que unos expresan ganando en buena lid y dando la mano al perder y otros identifican con miles de hectáreas al norte de la ciudad, ha visto como su tradicional unidad, su relato vertical, han derivado hacia la izquierda más setentera. Familias, sensibilidades desbordantes, tuiteros transnacionales con Juanito como ser totémico más allá del minuto siete; incapaces todos ellos de llegar a un pacto de caballeros. Como los partisanos, como la Resistance, como la milicia republicana, como los palestinos de La Vida de Brian. Perdidos entre ejércitos de liberación popular y ejércitos populares de liberación.

Ramón Mendoza, quintabuitrismo, Lorenzo Sanz, partidas de parchís de a quinientas mil pesetas la mano, Johan Cruyff. Necesitaba el Real Madrid de los 90 alcanzar un compromesso storico con su propio pasado, recuperar valores, dar con el seny catalán que Pep trataba de encontrar en Chamberí sin demasiada suerte. Y el madridismo, harto de davidoffs en el palco, alcanzó el gran acuerdo de sus últimos cincuenta años. Comenzaba una nueva era, una nueva gestión; llegaban los zidanes y los pavones, uno de los mejores mensajes publicitarios jamás lanzados en el fútbol español. Florentino fue Andreotti. Valdano, Berlinger; y entre los dos lograron canalizar la tradición blanca, o la percepción de su tradición. El presidente, exitoso, conservador, CEO absoluto, recogía las influencias del Real Madrid del blanco y negro, del club que logró la Copa de Europa en propiedad. Valdano fue más allá. Como Manolo Vázquez Montalbán con el Barça, el argentino trató de modificar los valores, de convertir al Bernabéu en un lugar gustador, escaparate de las mejores delicias de la ciudad, herencia rosarina, filosofía menottista. Llegaron los éxitos, pero también los fracasos, las dudas. El experimento había funcionado. Había vuelto el mensaje único, la Ciudad Deportiva ofrecía talentos y el aparato del club rebuscaba entre las grandes estrellas a golpe de servilleta. Tras un breve paréntesis en el que se manipularon asambleas el mensaje horizontal volvió a verticalizarse, desapereció la eterna interrogación retórica, se alumbró la identidad. El planeta entero sabía lo que podía encontrarse en Padre Damián esquina con Castellana.

Y de repente murió Aldo Moro, llegó Mourinho y democristianos y comunistas volvieron a las andadas. Fue la consecuencia del paso por la banca de Pellegrini (Calixto Tanzi en Valdebebas), de Luxemburgo, de López Caro. Con el portugués desapareció Valdano, corriente alternativa; se evaporó Zidane, corriente presidencialista, y nació el madridismo underground, basado en una suerte de sexo, drogas y rock and roll aplicados a la pelota. Fue José y no Jorge el que modificó el señorío, el que creó (crea) el relato, el que ha hecho reenamorarse del club como adolescentes a abonados octogenarios; pero al miso tiempo creó nuevas divisiones, discutió sobre libertad religiosa, que en el Real Madrid es como hacerlo de la cantera, hasta dejar las bases del partido, el futuro de la entidad, en un existencialismo inabarcable generador de miles de corrientes, tantas como socios, tantas como periodistas, tantas como analistas. El Real Madrid, más izquierdista que nunca, busca un L'Ulivo, un Romano Prodi que devuelva el relato único, que vuelva a juntar en la barra de un bar de Fuenlabrada a un casillista y a un euromourinhista sin que sea necesario nacionalizar los medios de producción de la entidad.