viernes, 26 de octubre de 2012

HEMEROTECAS AUER





A Mariano Rajoy, proclamado rey de las hemerotecas, presidente de los no titulares, no le gusta oír las frases que solía pronunciar antes de conocer las cifras de déficit que le ofreció el soe en aquella época en la que subir impuestos era de cobardes, malos toreros y peores políticos. Tampoco le gustó al presidente que hace unos días algunos retorcidos periodistas recordaran en sus crónicas aquellos hilillos que el Prestige iba a solidificar como si de una receta de Adriá y su nitrógeno líquido se tratara. Pero así somos; así son. La hemeroteca es la puerta más cercana que tiene un periodista para entrar en la historia, un Beppe Grillo azotaconciencias, una de las grandes armas contextualizadoras de la actividad política. La hemeroteca recuerda aquello de «GFB soy yo» que pronunció Revilla en la calle Alta y recordará igualmente que «el Racing tiene equipo para ascender».

Llegó Fabri desde Huesca convencido del proyecto de Francisco Pernía, en el que nunca nadie más que él mismo confió. Había que cambiar la tendencia en los medios de comunicación, críticos, tocapelotas a ojos del Consejo de Administración; y en el Racing, como casi siempre, todo se llevó a cabo de forma vertical. Desde arriba hacia abajo. Desde el despacho de cortinas venecianas a ese césped que el gallego fiscaliza con bata de laboratorio. «Sólo creo en el ascenso». Una y otra vez. Un mantra que volaba de La Albericia a los Campos de Sport y que incluso llegó a cambiar la opinión de muchos. Un pecado, una penitencia. Un titular, una hemeroteca.

Pero Fabri, con su camisa arrugada, metáfora del devenir verdiblanco en Segunda División, ya no parece creer en sus chicos. Triste, preocupado, incapaz de dar soluciones a los suyos, enseñó con sus declaraciones que esa confianza arrolladora que mostró y demostró en sí mismo ha desaparecido. El veterano (y antiguo) técnico quiere una revolución en su once, un acicate que remueva el pasotismo que intuye en alguno de sus futbolistas y lo hará desde la frontera de unos puestos de descenso más psicológicos que físicos; al fin y al cabo la competición no ha abandonado aún el octubre rojo en el que se mueve la institución. Sin saberlo Fabri cometió un acto casi anarquista descartando a Auer, teutón, en principio buen complemento para Kalu. Arriba, tras las venecianas, soñaban con el alemán (quién sabe por qué). Abajo, el de Lugo empezaba a sentirse inquieto. Frente al Alcorcón puede vivir su primera final. Malditas hemerotecas.

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