lunes, 27 de agosto de 2012

PERSPECTIVA





Qué fue primero, la moneda o la avaricia. Llorente o Patxi López. Elecciones anticipadas o internacionalización de Lezama, Antoine Griezmann mediante (borgoñés alejado de las playas de San Juan de Luz). Cuestión de perspectiva. En Ibaigane no gustan los análisis llorentianos, destinado, quién sabe si por casta, nacimiento, ADN, RH o designación divina, a convertirse en Iribar. Porque él lo vale. Porque ellos lo imponen. Crisis institucional comparada por muchos con la abierta por Rafa Alkorta hace no demasiado y tan virulenta como el Sarabia Vs. Clemente, duelo en la ría al atardecer, uno en cada margen. Cuestión de perspectiva. Lezama funciona. Bielsa enamora. El entorno no muestra hartazgo, sino incertidumbre. Y lealtad. Pero son Llorente y Javi Martínez, amigos para siempre, los protagonistas de las tertulias de Moyúa, el lugar donde se ideó la literaria, y muchas veces infundada rivalidad entre Loroño y Bahamontes.

Cuestión de perspectiva. Lo que en Bilbao parece tomarse como el terremoto de San Francisco en Santander sería celebrado con el entusiasmo de unos fuegos artificiales de agosto. Allí, más allá de la Petronor, saben que el aparato continuará. Que el nuevo San Mamés será un campo bilbaíno, con todo lo que eso conlleva de hiperbólico y grandilocuente, que los chavales seguirán soñando. Continuarán las leyendas de posguerra, de los sesenta, setenta y ochenta. Proyecto.

Su crisis sería un éxtasis en la bahía, tan poco acostumbrada a la felicidad. Fue el Racing el primer club español en lucir publicidad y convertir la camiseta en un business, y desde entonces podría dibujarse una curva tan decadente como la del Ibex35. Se pierden puntos sin necesidad de esperar a la respuesta de Tokio o Hong Kong. Y valores. También de los no económicos, de los abstractos, de los que muchos en ese palco (algunos de ellos empeñados en parecer contratistas de Blackwater) no sabrían definir. Tampoco homenajear a las leyendas, que como los votantes emocionados, no quieren acercarse al presidente caído una vez derrotado tras los comicios. Ni a Quique Pina, el hacedor, el conseguidor, el superagente de las tres blacberries y los mil equipos al que Fabri conoce tan bien; mucho mejor que a los directivos del Huesca. No conoce tan bien a sus jugadores. Descartes del Granada, futbolistas de Segunda División B. Al este de Castro Urdiales, club honrado con quien le hace grande: los suyos, nunca aceptarían quiquepinas. En Santander no se aceptan, pero ahí están. Cuestión de perspectiva.

(Publicado en El Mundo Cantabria el 26 de agosto de 2012)

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