lunes, 13 de agosto de 2012

A TIENTAS




“Lo bueno de ser hincha del Racing es que te obliga a tener otras razones para estar contento”. No habrá regresión a la infancia este otoño en las butacas de los Campos de Sport, convertidas esta vez, esta temporada, en la máquina gracias a la cual Tom Hanks se convirtió en Big en los ochenta. Madurez repentina. Responsabilidades no contempladas, preocupaciones latentes que el entorno ha adoptado de la misma manera que el quinto que dejaba el pueblo para  hacer la mili. Adaptación. Es así. Es la conclusión a la que ha llegado el aficionado medio racinguista, insecto palo capaz de olvidarse de nombres, apellidos, culpables y cómplices para formar inesperadas colas en las taquillas a pesar del sol, el pasado, el presente y el futuro (en caso de que sea esa última una opción a contemplar en este Racing fin de raza). De momento Santander, su fútbol, gira en torno a Shakespeare, sueños de tórridas noches de verano convertidos en melancólica realidad. Sudores fríos. Hoy Torneo de la Galleta (sic) ante el Guadalajara, dentro de siete días pertinente visita canariona que recordará al olvidadizo en qué terrenos se moverá el racinguismo durante los próximos meses, años o siglos. Quién sabe. Las apuestas, sin pensar mal, están en el número de simpatizantes y abonados que podrían recitar un once a estas alturas de la pretemporada.

Podía haber sido el momento de reiniciar el sistema. De ser un poco sesentayochistas y muy realistas para pedir lo imposible, y en cierta manera así ocurrió en estos últimos meses ya convertidos en eras. Mas la ciudad acabó por encontrarse con una proyección de Charles de Gaulle, hostelero de costa, que llegó repitiendo que el recreo había terminado. Podía haber sido el momento de desterrar a los agentes irresponsables, arribistas e incompetentes de las plantas decisivas del estadio. De convertir al club en lo que en realidad es, una Sociedad Anónima Deportiva, y plantear un plan de negocio a medio-largo plazo. Pero el Racing, como Echevarría, ex presidente mexicano, decidió dar un paso hacia delante tras instalarse en el borde del precipicio. Y así está el club, tejiendo diminutas e ingenuas cortinas de humo desde las que esconder una gestión incomprensible, a tientas, que ha devuelto los malos vicios a la entidad. Porque el Racing, como todo en este pinche país, está manejado como siempre y por los de siempre. Es la pelota de tenis de Match Point. Caerá en un lado o en otro, pero al final caerá. E igual que ahora encontraremos responsables, culpables y cómplices.  

(Publicado en El Mundo Cantabria el 12 de agosto de 2012)

1 comentario:

  1. Muy buena como todas
    Me reitero en lo de crack
    Un abrazo

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