sábado, 1 de octubre de 2011

BACK TO NAPOLI


Una de mis canciones favoritas del gran Dean Martin, tan pendenciero y fiestero como poco amante del fútbol (soccer para ellos) es la versión que el genio de Ohio realizó del famoso Mambo Italiano. En ella, el fundador junto a Frank Sinatra y Sammy Davis Jr. del famoso Rat Pack, cuenta la historia de un joven que regresa a Nápoles después de un tiempo sin pisar la maravillosa ciudad campana. «Un chico regresó a Napoli porque se perdió el paisaje...», susurra Martin antes de los primeros acordes de este hit histórico, símbolo de la dolce vita, del dolce far niente que convirtió la Campania en el principal destino turístico, el más cool, del maltratado sur italiano. Para el protagonista de la canción su regreso es como un Valhalla. Un cúmulo de recuerdos imborrables que quiere volver a vivir en primera persona antes de que desaparezcan para siempre de su mente. Por eso vuelve. Porque como el yonki, intenta encontrar esa primera experiencia irrepetible que aparece guardada en su disco duro. El Racing no ha vuelto a Nápoles. Tampoco a San Paolo. Estuvo en el verano de 2009, donde empató en un estadio mítico. Un lugar que un maleducado cebollita permitió que fuera comparado con la Scala de Milán; con el Royal Albert Hall.

El que sí ha vuelto a San Paolo, Nápoles, Campania, fue el Villarreal, que puede presumir de ser el equipo que visita el templo campano en un partido de Copa de Europa por primera vez en 21 años. En la última estaban sobre el césped Diego Maradona, Careca, Ciro Ferrara y Alemao. Los cuatro magníficos. Los ídolos del terronismo sureño. Y cómo no podía ser de otra manera aquel partido terminó con empate sin goles ante un Spartak de Moscú al que una temporada más tarde llegaría un espigado, desgarbado e inteligente futbolista llamado Dimitri Radchenko.

El Racing no ha vuelto a Nápoles, aunque su primera experiencia –partido que tuve la suerte de presenciar en directo cumpliendo uno de mis sueños de infancia: ver al Racing enfrentándose al Napoli en San Paolo– fue maravillosa. No hubo victoria cántabra, aunque sí una grandísima imagen y un sabroso empate. Y lo mejor de todo. En aquel choque, jugado cuatro días antes del Ferragosto de 2009, Sergio Canales apareció de la nada para empezar a cambiar su historia personal. En el minuto 73, en el córner de la ruidosa Curva B, el genio de Valdenoja paró, mandó y templó para enviar un pase perfecto a Juanjo, que marcó donde antes lo habían hecho El Diego o Caniggia.

(Publicado en El Mundo Cantabria el 1 de octubre de 2010)

2 comentarios:

  1. Me encanta este blog caballero, siga así...

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  2. Juanjo menudo crack.muy grande si señor

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