domingo, 11 de septiembre de 2011

EL ÚLTIMO DON



Sindicalistas en el fútbol, esquiroles en la LFP, derechos televisivos, jugadores que no cobran, clubes en bancarrota, inspecciones de Hacienda, deudas con la Seguridad Social, auditorías... y ahora, encima, para matar este fútbol de cartón piedra que nos representa por Europa, se muere Don Balón. Un mito. Una revista para la historia. De las que marcan a una generación. Una publicación que dividía los institutos de los noventa entre los futboleros chicos y las superpoperas chicas. Información de la buena, de la era pre internet, de cuando se quedaba en el parque sin móvil, ni feisbuc, ni tuiter. Páginas en las que cada fotografía era susceptible de convertirse en recorte para pegar en la pared de la habitación; justo encima de la cama.

Salenko, Suker, P
edja, Kiko, Polster, Sarabia, Fran, Quique Setién, Dani, Andrinúa, Baltazar, Manolo, Gallego, Hagi, Laudrup, Koeman, Viola, Radchenko, Ohen, José Ignacio, ‘Mágico’ González, Bebeto, Kodro, Aldridge... Recuerdos inolvidables. Momentos inolvidables. Un todo que se nos va, como este maldito fútbol nuestro de Tebas y Astiazarán, como las radios, a las que se les prohíbe entrar en los estadios; como el buen juego, que se esconde tras entrenadores rácanos que camuflan su mala praxis y su peor formación con esperpénticos sistemas. El fútbol español navega por un interminable Mekong en busca de un coronel Kurtz que lo destruirá con música y opiáceos. Don Balón era una de las ínsulas. De las pocas que quedaban. Fútbol real. Ese que reivindican los raperos de FRAC con su temazo ‘Odio eterno al fútbol moderno’. Ahora, con su pérdida, los que crecimos pasando una y otra vez las finísimas páginas de ese tótem futbolístico que fue y será siempre Don Balón hemos perdido un poco de nuestra inocencia. Como los personajes de George Lucas en esa maravillosa ‘American Graffiti’. Como cuando se nos fue para siempre Andrés Montes. Otro tótem. Otro mito.

Desde el próximo lunes decenas de grandes compañeros perderán su trabajo y los kioscos dejarán de vender esa obra maestra del periodismo deportivo español. Esas páginas cargadas de recuerdos que trascendieron los Pirineos y se situaron, semana tras semana, encima de las principales mesas de las redacciones más prestigiosas de Europa. Una revista de referencia, de las escasas publicaciones patrias con repercusión en el exterior. No quiero pensar que sucedería si los argentinos se quedaran sin El Gráfico. Aquí, a excepción de esta columna y de alguna otra, no ocurrirá nada.

1 comentario:

  1. El fútbol desde entonces no es lo que era...

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