jueves, 5 de mayo de 2011

LA VENGANZA DE ZDENEK



Después de ver en directo cuatro partidos en los que sus técnicos planteaban el duelo al ‘cerocerismo’ más rácano y aburrido me acordé de Zdenek Zeman, un entrenador checo al que conocí con el ‘boom’ de las teles privadas a principios de los 90. Entonces la Tele5 de J. J. Santos ofrecía los domingos noche un partido de la Serie A, por aquella época una liga tan exótica para los españoles como actualmente la egipcia. En aquellos años, Zeman, del que prácticamente nadie se acuerda, estuvo a punto de cambiar el fútbol italiano, ese del que aunque no lo reconozcan beben en España entrenadores como Lotina, Emery, Camacho o Mourinho (aunque este último lo reconoce sin avergonzarse). Era un entrenador diferente, que intentaba cosas distintas y que permitió soñar al fútbol del sur de Italia como no lo hacía desde la mágica aparición de ‘El Diego’ en San Paolo.

En 1989 Zeman se hizo cargo de las riendas del humilde Foggia, equipo radicado en la ciudad homónima de la Puglia, una de las regiones más castigadas por el norte industrial italiano durante el siglo XX y conocida como el granero de Italia por su importante actividad agrícola. Con el pequeño equipo sureño Zeman demostró que querer es poder. En una época marcada por la utilización de cinco defensas y cuatro centrocampistas, en la que los entrenadores dejaban la responsabilidad atacante en manos de un solo hombre, el entrenador checo apostó por el 4-3-3, que en aquellos tiempos solo era utilizado por el vanguardista fútbol holandés. El norte se reía de él. Se mofaban en las crónicas de los grandes periódicos. No entendían cómo un equipo de abajo, de esos que históricamente juegan a no perder, era capaz de apostar por el ataque como método para batir al rival. Le tachaban de loco, de incomprendido y le vaticinaron un futuro muy negro. Pero la temporada siguiente Zeman ascendió al equipo a la Serie A. Fue entonces cuando surgió ‘Il Foggia dei miracoli’. Un equipo que formaba con uno de los tridentes más espectaculares de la historia del fútbol italiano, con Beppe Signori como referencia y con Francesco Baiano y Roberto Rimbaudi de acompañantes. Aquel conjunto, en el que también figuraron nombres como los de Dan Petrescu o Igor Kolyvanov, alcanzó una clasificación para la Copa de la UEFA y llenó de orgullo al maltratado sur de Italia.

Luego Zeman pasó por la Lazio y la Roma (fue él quien moldeó el talento de Francesco Totti además de hacerle capitán) y todo cambió de repente. Italia se vio sacudida por las acusaciones de dopaje a la Juventus de la todopoderosa familia Agnelli, a quien Zeman criticó con dureza. “El fútbol italiano debe salir de las farmacias”, dijo. Acusó directamente a la ‘Vecchia Signora’ por el uso continuado de EPO entre sus jugadores y desapareció del panorama futbolístico. Deambuló por el Fenerbahce, el Napoli y la Salernitana, pero nunca más entrenó en la élite. Nunca más pudo jugar al ataque en una gran liga. Fue castigado por los mismos que lo subieron a los altares y con su desaparición se murió una nueva forma de entender el fútbol en Italia. Hoy entrena al Foggia en la Serie C y el domingo, al mismo tiempo que varios equipos de Liga española aburrían a miles de espectadores, Zeman volvió a jugar al ataque. Esa será siempre su principal venganza futbolística. El ataque.

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