miércoles, 4 de mayo de 2011

EL DÍA QUE SE FUE EL ROMBO



El fútbol era otra cosa. En la época en la que España y Portugal entraban en la CEE, cuando Samaranch le regaló los Juegos Olímpicos a su ciudad natal, poco antes de que Narcís Serra llevara a España a la primera operación militar en el extranjero de su historia democrática, el fútbol era otra cosa. Seguía siendo un deporte eminentemente europeo y latinoamericano, los pantalones apenas escondían los órganos genitales de los futbolistas y las espinilleras eran solo para los acobardados o los ‘dieces’ de cada equipo.

No había miedo a la derrota. La mayoría de los equipos grandes salían a ganar y a nadie se le ocurría cerrojar el centro del campo, el lugar donde deben ocurrir las cosas sobre un terreno de juego. La clave de todo aquello estaba en que a alguien se le ocurrió sacar al líbero de detrás de la defensa para colocarlo por delante. Uno de los pasos más importantes de la historia táctica de este deporte. Fue entonces cuando nació el famoso ‘cinco’ que la gente de mi generación siempre ha relacionado con Fernando Redondo, quizá el mejor medio volante del fútbol moderno, con permiso de Pep. Es cierto que hubo otros: Roy Keane, Paul Scholes, Bernd Schuster, Stefan Effenberg, Demetrio ‘Il metrónomo’ Albertini, Lothar Mattahus, Matthias Sammer… Con esta nueva demarcación, que Arrigo Sacchi perfeccionó hasta convertirla en imprescindible en cualquier equipo continental que aspirara a ganar la Copa de Europa, cambiaba completamente el espectro táctico del fútbol. Un jugador creaba y defendía al mismo tiempo formando un rombo en el que por delante aparecía un media punta (que trabajaba mucho más que los de ahora) y dos delanteros. Era fútbol de ataque y muy divertido. Mucho.

Entonces todo cambió. El mundo se globalizó, y el balón también. África se convirtió en la cantera eterna y empezó a exportar jugadores. Comenzó por los talentosos (Rabah Madjer, Abedi Pele, Jay Jay Okocha, George Weah), pero el cerebro dejó de interesar a los poderosos compradores del viejo continente, que empezaron a fijarse en el músculo por encima del talento. Y sin saber por qué, sin un culpable definitivo, aunque con varios candidatos, el fútbol europeo decidió suprimir a uno de los tres atacantes para colocar a un acompañante junto al ‘cinco’. Y nació el doble pivote. Quizá la mayor macarrada de la historia del deporte rey, el punto de partida del juego que tenemos hoy, en el que solo divierten algunos partidos. El resto son sencillamente soporíferos.

Pero si hubo un antes y un después en la historia del doble pivote fue en el Mundial de Estados Unidos de 1994. El Brasil de Romario, Bebeto, Raí, Cafú y Leonardo se llevó el título a las órdenes del rácano Parreira, que por primera vez en la historia hizo jugar a la ‘canarinha’ este fútbol canalla. Claro, aquella pareja la formaban nada más y nada menos que Dunga y Mauro Silva.

Publicado en EL MUNDO CANTABRIA, el 20 de marzo de 2011

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