martes, 3 de mayo de 2011

BOBAN Y EL DRAMA BALCÁNICO


Cuando César Luis Menotti le dijo a Juanma Lillo “quien solo de fútbol sabe, ni de fútbol sabe”, se refería, casi con total seguridad, a la importancia que ha tenido el fútbol en el desarrollo sociológico de muchos de los países para los que el deporte rey significa hoy día una cuestión de estado. Seguro que el gurú argentino pensaba en el conflicto que protagonizaron en 1969 Honduras y El Salvador. Porque no se puede entender la historia de muchos países sin la existencia de una pelota y una portería. La llamada ‘Guerra de las cien horas’ o ‘Guerra del fútbol’ comenzó con un partido disputado entre ambas selecciones y fue quizá la primera gran incursión del balompié en la diplomacia y en el desarrollo político de un estado. Todo fue diferente en Latinoamérica a partir de ese momento. El fútbol nunca volvió a ser el mismo desde entonces. Pero Menotti, que ganó con Argentina el Mundial organizado por Videla en 1978, seguro que también pensaba en Zvonimir Boban. Un jugador mágico, croata, el ‘Zico de los Balcanes, un mito en el Milan y protagonista a su pesar de una de las mayores vergüenzas que Europa ofreció al mundo durante el siglo pasado: La Guerra de los Balcanes. Un conflicto bélico sanguinario y fratricida cuyo inicio fijan muchos en el entorno de un partido de fútbol.

Todo comenzó en Zagreb el 13 de mayo de 1990. Allí, en el estadio Maksimir, hogar del Dinamo, los locales (croatas) recibían al Estrella Roja de Belgrado (serbio) a semanas vista de las primeras elecciones que celebraba Croacia en cincuenta años; comicios en los que la todavía provincia yugoslava iba a exigir la independencia a sus vecinos del norte. Para la ocasión, 3.000 ultras del Estrella Roja se desplazaron a Zagreb liderados nada más y nada menos que por Arkan, uno de los criminales de guerra más macabros de la historia. El ambiente sobre el césped, el habitual en los Balcanes. Hasta que todo explotó. Los Héroes (ultras de Belgrado) comenzaron a cargar contra los aficionados croatas y la policía, cuyos miembros eran serbios enviados especialmente para los croatas, comenzó a cargar contra la población civil. El césped se llenó de peleas entre aficionados croatas y serbios sin que nadie hiciera nada por evitarlo. Entonces apareció Boban, que a partir de ese momento y hasta el final de la guerra, viajaría siempre en el corazón de los ciudadanos del país de los cuadrados rojos y blancos. El centrocampista, ante la brutalidad contra los suyos de la que aún era su policía, corrió y de una patada derribó a uno de los antidisturbios. No había nada más que hacer. La guerra había regresado a los Balcanes, aunque aún faltaban 200.000 muertos por llegar.

Publicado en EL MUNDO CANTABRIA el 25 de febrero de 2010

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